Etapa 51: Sciacca – Marsala (75 kms)

Hoy hemos tenido una etapa un tanto especial, como ya os contaremos.
Esta mañana hemos salido temprano del hermoso lugar del que os hablábamos. El día se ha levantado con una temperatura mucho más suave que ayer gracias a una fina capa de nubes que amortiguaba la dureza del sol.
Hemos seguido pedaleando entre tierras de cultivo, donde cada vez abunda más el viñedo. Se nota que nos acercamos a Marsala, ciudad de renombre por sus caldos.

Hemos pasado cerca de las ruinas de Selinunte, una de las principales urbes de la Magna Grecia. No hemos entrado ya que nos hacía desviarnos de nuestra ruta y veníamos bien servidos de Agrigento, aunque nos consta que el lugar reviste mucho interés. Hemos llegado a ver, en la lejanía, uno de los templos que aún se mantiene en pie.

Hemos almorzado en una pequeña panadería de un pueblo agrícola llamado Campobello di Mazzara. Las pastas de masa de almendra, típicas de toda Sicila, nos han sabido deliciosas. Cuando encontramos una panadería de verdad, es un auténtico placer.
Cerca del mediodía hemos llegado a Mazzara del Vallo, una interesante ciudad portuaria. La cercanía con la costa tunecina se nota en todas partes, no sólo por la presencia de una fuerte colonia de magrebíes en la ciudad, sino en su propia base cultural. Por ejemplo, el plato típico del lugar es el cous-cous, que suelen hacer de pescado. El barrio histórico del centro se sigue llamando la kasbah y mantiene la estructura de callejuelas característica de las ciudades del norte de África, aunque con un aire menos pintoresco. Los dulces también son, en cierta forma, similares. Y hasta hemos escuchado el canto del muecín hacia el mediodía.

De Mazzara a Marsala es un paseo de unos veinte kilómetros que hemos hecho por pequeñas carreteras secundarias sin tráfico y rodeados de viñedos.

Cuando hemos llegado a Marsala serían las tres de la tarde. La ciudad estaba muy tranquila y hemos dado un pequeño paseo por el centro histórico. Nos hemos acercado a una heladería y hemos dejado las bicis en la puerta, puesto que pensábamos salir enseguida. Y ahora viene el por qué decíamos que ha sido una etapa especial.

En la heladería había una mesa y dos sillas y, como veníamos cansados, nos hemos sentado a tomar tranquilamente el helado y, ya de paso, degustar una copita de vino local. Cuando hemos acabado, hemos pagado y hemos salido. Nuestro disgusto ha sido mayúsculo al comprobar que una de las bicis, la de Mayte, no estaba. No las habíamos atado, aunque solemos hacerlo siempre, ya que pensábamos salir fuera con el helado y no sentarnos, como hemos hecho.
No había mucha gente por la calle. Hemos visto a unos voluntarios de la Cruz Roja y les hemos preguntado. Estos no han visto nada pero nos han ayudado. Han llamado a los carabinieri y se han dado unas cuantas vueltas por si veían algo. Hemos ido a la policía a poner una denuncia, con pocas esperanzas de que siriviera de algo, la verdad.
Al final, hemos alquilado una habitación en un B&B y nos hemos recogido a digerir el mal trago. Al cabo de un rato, nos han llamado de comisaría diciendo que habían encontrado las alforjas con la ropa pero de la bici nada de nada. Será difícil que aparezca. A los policías les molestaba especialmente que nos hubieran robado a unos turistas y se notaba que querían poner cartas en el asunto. Nos han hecho ir con ellos a un centro de acogida de inmigrantes a echar un vistazo por si veíamos nuestra bici. La escena ha sido dura, la verdad. Nos ha hecho asomarnos al trastero oscuro de nuestra sociedad, ese que parece que no queremos ver.
El centro en cuestión es un antiguo hospital en el que viven, en habitaciones repletas, más de trescientos subsaharianos. Había otras tantas bicicletas, por lo menos, ya que son prácticamente su única pertenencia y su único medio de transporte. Incluso en una de las galerías tienen montado una especie de taller donde un chico repara las bicis de los demás. Es un pequeño microcosmos. Cuando hemos entrado con los carabinieri, la mujer al frente del lugar se ha enfrentado a ellos diciendo que no se puede entrar así sin una orden ni nada. Yo pensaba que tenía razón, pero los carabinieri han hecho caso omiso y hemos empezado a mirar por todos los pasillos repletos de bicis, a ver si aparecía la nuestra. Yo pensaba que si alguno la había cogido no sería tan estúpido de dejarla a la vista. Mientras buscábamos, todos nos miraban con una cierta indiferencia, como acostumbrados a sentirse siempre bajo sospecha. A mi me resultaba muy dura la situación. Estos pobres chavales sí que tienen problemas. Lo de nuestra bici no lo es. Obviamente, no la hemos encontrado pero la policía ha demostrado que se preocupa por los turistas.
Gente de aquí nos ha dicho que, normalmente, los subsaharianos no roban. A veces, los toxicómanos roban bicis que les revenden a ellos por cuatro perras. En todo caso, haya sido quien haya sido, tiene que tener una vida dura para tener que sobrevivir malvendiendo bicis robadas. Y, aunque a nosotros nos ha hecho una buena puñeta, nos ha obligado a acercarnos a esa cruel realidad del Mediterráneo en la que apenas habíamos reparado en estas memorias. De todas esas personas que mueren cada día en este mar tratando de cruzarlo para llegar a esta orilla. De todas estas que malviven una vez llegados a ella, abandonados a su suerte salvo por algunos héroes y heroínas que cada día luchan por ellos. Y he pensado en la mujer que se ha enfrentado al policía diciéndole que esas no son formas de entrar en el albergue. En el fondo, estaba intentando defender la poca dignidad que les hemos dejado a estas personas. Y que te roben eso es bastante peor que una bicicleta.
Cuando volvíamos a la habitación, nos hemos cruzado con una limousina blanca larguísima que venía del puerto.
Y, aunque nuestro periplo estaba llegando a su final, no queremos acabarlo antes de tiempo. No podemos imaginar a Ulises rendido en la isla de Circe, o en la cueva de Polifemo. Itaca nos espera.

Así que, si después de los carteles de recompensa que hemos puesto por el centro no aparece, que no va a aparecer, alquilaremos una hasta Palermo y acabaremos el viaje donde pensábamos hacerlo. Ya os contaremos.

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