Etapa 47: Siracusa – Marina de Módica (77 kms)

La mañana se ha levantado luminosa en Siracusa. Un sol radiante brillaba en lo alto y todas las calles de Ortigia mostraban un hermoso juego de claroscuros en sus rincones.
Hemos desayunado en una cafetería, fuera ya de la isla, junto con varios lugareños que disfrutaban lentamente del soleado domingo. Nos ha costado mucho dejar Siracusa y más con un día bello como éste, pero nuestra ruta debe continuar. El avanzar, de alguna forma, nos obliga a practicar un cierto desapego, aunque cada lugar, cada persona que se abre ante nosotros, nos van dejando una huella imborrable en nuestra memoria. Quizás ese sea el verdadero alimento del viaje.

La carretera por la que hemos salido de Siracusa, la SS115 o Sícula Sudoccidental, tenía bastante tráfico. Al ser domingo, mucha gente se acercaba a las playas circundantes buscando su momento de relax semanal, pero apenas diez kilómetros después de salir ya circulábamos prácticamente solos.

La parte sur de Siracusa es bastante más amable que su cara norte. Aquí no vemos ya aquellas moles industriales y sí muchas tierras de cultivo. El paisaje es puramente mediterráneo. Limoneros, olivos, almendros, algarrobos, algún viñedo, cereal… Muchos campos de cebada y trigo están ya cosechados. Nos estamos acercando a la latitud más meridional de Sicilia, y por ende de Italia, lo que hace que el campo vaya muy adelantado.

Eran cerca de las once de la mañana y el sol pegaba fuerte, tiñendo todo de una dura luz blanquecina.
Hemos llegado a Avola, una pequeña ciudad con aire de pueblo agrícola, y nos hemos tomado un refresco. Como a la entrada ponía ciudad de la almendra hemos pedido una granita de mandorla. Es una bebida refrescante, muy energética y, por encima de todo, está deliciosa. Aparte de las almendras, Avola es famosa por el vino, o más bien por un tipo de uva a la que da nombre y origen, Nero D´Avola. No hemos visto muchos viñedos por aquí, la verdad, deben encontrarse más cerca de la zona de Pachino, en el Cabo Passero, lugar que dicen poseer uno de los cielos más límpios de Europa.

Avola está cerca de Noto y hacia allí nos hemos dirigido, pedaleando por la solitaria carretera bajo el sol abrumador del mediodía. Noto está en la ladera de una montaña y nos ha tocado escalar un poco para llegar a ella. El esfuerzo bien ha valido la pena, desde luego. Ésta, junto con Módica y Ragusa, forman el conjunto de ciudades del barroco tardío del Valle de Noto, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Como ya dijimos, un terrible terremoto sacudió toda la parte oriental de Sicilia a finales del S.XVII. Ello hizo que todas estas ciudades tuvieran que reedificarse. Los responsables de ello, en pleno período artísitico barroco, dejaron un bello y valioso testimonio de la arquitectura de la época, formando conjuntos de estilo uniforme, algo insólito de no ser por el funesto motivo.

El centro de Noto tiene una poderosa armonía, tanto por la homogeneidad del material con el que están construidos los edificios, una piedra ocre anaranjada, como por la bella factura de los mismos. La calle principal, el Corso Vittorio Emanuele, acumula la mayor parte de las joyas arquitectónicas de la ciudad.

La visita a Noto nos ha sabido a poco pero nos ha dejado un regusto exquisito en el paladar. Hemos continuado el camino y, a pocos kilómetros, nos hemos topado con otro de los, tristemente, elementos identitarios del mundo mediterráneo, un pequeño incendio en una zona de matorral.

Hemos pasado por varios pueblos sin detenernos, entre ellos Ispica, ciudad que no nos importaría haber visitado puesto que varias construcciones trogloditas llaman nuestra atención, pero si visitáramos todo aquello que reclama nuestra curiosidad necesitaríamos varios años más de viaje.

Hemos cruzado el animado Pozallo, lugar turístico en la costa, y hemos acabado en un pequeño y acogedor camping en la Marina de Módica.

Mañana descansaremos de los pedales y tomaremos un autobús para visitar las otras dos ciudades del conjunto barroco del Valle de Noto, Ragusa y Módica. Además, tengo que confesarlo, como seguidor y admirador de la serie del Comisario Montalbano, voy a disfrutar de lo lindo pues muchos de los escenarios de la misma se encuentran en estas ciudades.

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