Etapa 46: Catania – Siracusa (73 kms)

Después de dar un tranquilo paseo matutino por las calles de Catania, hemos tomado la SS114, que recorre todo el oriente de la isla de norte a sur. Por ello esta carretera recibe el nombre de Sícula Oriental.
El paisaje cambia bastante al sur de Catania. La montaña deja paso a una ámplia llanura y todo cobra un aspecto más árido. Los cultivos de cítricos dan paso al cereal. Aún se ven algunos terrenos con limoneros o naranjos pero tienen un porte bastante más pobre que en la ladera del Etna.

Hoy soplaba un fuerte mistral que nos ha favorecido, haciendo que en algunos tramos llanos avanzáramos a velocidades poco habituales en nosotros. Los pobres ciclistas que venían de frente no rodaban con tanta alegría.
En general, el camino entre estas dos ciudades no es especialmente bello. Podría ser el paisaje de la zona del valle del Ebro, por ejemplo. De hecho, nos ha recordado a algún tramo de nuestra segunda etapa.
A unos treinta kilómetros de Siracusa, a la altura de una ciudad llamada Augusta, comienzan a aparecer enormes complejos industriales junto a la costa, varios de ellos de refienerías de petróleo. Todo cobra un aspecto de distopía futurista a lo Mad Max.

Menos mal que Siracusa, especialmente el bello barrio de Ortigia, nos ha endulzado la mirada después de tanta dureza industrial.

Este es el centro histórico de la ciudad y todos los siglos de historia desde su fundación griega, se han acumulado en sus rincones. El conjunto forma un delicioso entorno, con una luz muy especial, ya que las calles son estrechas y los edificios no son muy altos y todo ello está rodeado de agua. Sus iglesias barrocas se mezclan con palacios renacentistas y su castillo medieval con el templo griego de Apolo. Todo está concentrado en el reducido espacio de la isla, como una síntesis de la historia del Mediterráneo.

Antes de llegar al centro histórico, hemos hecho una visita a las ruinas grecorromanas de Neápolis, en las que destaca el anfiteatro romano, el teatro griego y la Oreja de Dionisio. Ésta es una cueva artificial creada en la cantera en la que, en época griega, extraían roca caliza para la construcción de edificios. Es un lugar con una acústica excepcional. Por ello, y por su símil al del órgano auditivo, dicen que Caravaggio la bautizó con ese nombre.

Mañana seguiremos avanzando el camino. El sol está generoso con nosotros y dan ganas de seguir explorando los múltiples secretos escondidos en los rincones de la isla.

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