Etapa 38: Santa María de Castellabate – Palinuro (67 kms)

Como decíamos ayer, hemos aprovechado esta mañana para visitar el hermoso pueblo de Santa María. Es un pequeño puerto de pesca en el que, en esta época del año, se respira un ambiente tranquilo sin apenas turistas.

La mañana se ha levantado nublada y con algo de lluvia. El pueblo vecino, Castellabate, está unos doscientos metros más arriba, en la ladera de la montaña, pero hoy había algo de niebla y apenas se veía.
Hemos pedaleado por el corazón del Cilento, una zona mucho menos conocida que la cercana costa Amalfitana. Esta última exhibe más glamour y puede que sea más pintoresca, pero el Cilento es más agreste, más salvaje y seguramente más auténtico. Desde luego está mucho menos frecuentada por el turismo. Y guarda en su seno rincones realmente bellos y lugares cargados de historia y mitología.

Nada más salir de Santa María de Castellabate está Punta Licosia, nombre que se asocia a una de las sirenas de la mitología y, según algunos autores, zona en la que está basado el pasaje de la Odisea. Quién sabe pero, como siempre, nosotros preferimos dejarnos llevar por la imaginación y pensar que por aquí anduvo el asendereado héroe homérico.
Un poco más adelante, hemos parado en Acciarioli, otro pequeño pueblo marinero que, desde hace años, está ligado a la figura de Ernest Hemingway. Por lo visto, el escritor pasó alguna temporada por aquí y se dice que trabó amistad con un pescador que le sirvió de inspiración para su novela “El viejo y el mar”. No sabemos si será cierto pero, con Hemingway, uno tiene la sensación de que vayas donde vayas él ya anduvo allí. Y como si de una franquicia se tratara, siempre encuentras un bar o restaurante con su nombre.

Pedalear por aquí es una gozada, ya que apenas pasan coches y el paisaje es hermoso. El precio a pagar es el de tener que subir y bajar cuestas constantemente. Mientras nuestras piernas aguanten, bien lo vale.
Hemos parado en Pioppi, pueblo que alardea de ser la capital mundial de la dieta mediterránea. No debe ser, por tanto, un mal lugar para comer. Nosotros lo hemos hecho en un bonito restaurante junto al mar, el Pioppi Café. Allí Gianni, que regenta el restaurante, nos ha tratado de maravilla y Marco, el majísimo cocinero, nos ha preparado unas riquísimas viandas. Gianni nos ha contado que hizo el Camino de Santiago el año pasado con una amiga suya. De hecho ella, inspirada por la experiencia compostelana, ha creado algo similar en el Cilento, la Vía Silente. Es una ruta de unos 600 kms por la región , dividida en 15 etapas y preparada para poder pernoctar en albergues o casas rurales. Por supuesto, también cuenta con las credenciales que hay que ir rellenando en cada una de las etapas. Es una excelente idea y una buena manera de conocer esta maravillosa zona que, por lo demás, es Parque Nacional y Patrimonio mundial de la Unesco. El próximo día 15 de mayo celebran el inicio de la ruta. Eso si, hay que venir algo preparado porque la zona, llana, no es. Os dejamos un enlace con información: http://www.laviasilente.it

Nos hemos despedido de la gente del Pioppi Café y hemos partido, aunque no nos hubiera importado quedarnos al concierto que tenían preparado para esta noche.
Unos kilómetros más adelante hemos pasado por las ruinas de Velia, ciudad que quizás os suene más por su nombre griego, Elea, de donde eran Zenón y Parménides, y que dío nombre a la famosa escuela filosófica. Y es que estamos en el corazón de la antigua Magna Grecia. En un principio, nuestro viaje iba a terminar en Atenas aunque finalmente nos hemos decantado Sicilia. Aunque no estemos en Grecia, su pasado clásico ha dejado una fuerte impronta en estos lugares y, de alguna forma, completa nuestro periplo mediterráneo.
Desde Elea, la carretera trepa por una colina hasta un pequeño pueblo llamado Ascea. Como venía sin afeitarme desde que salí de España y las barbas estaban empezando a ser algo molestas, he pensado en cortar por lo sano. En Ascea, junto a la carretera, hemos visto la barbería de Peppino y nos ha parecido el lugar ideal para ello. Al dueño se le ve un barbero de raza y lo es después de cincuenta años de oficio. Es la primera vez que me afeitan a cuchilla y la situación impone un poco, pero el maestro ha hecho un buen trabajo.

Peppino nos ha avisado de que, tras Ascea, hay un par de kilómetros en los que la carretera está en mal estado y tiene una buena pendiente. No le faltaba razón al barbero, ¡menudo tramo!, aunque las vistas eran espectaculares.

Superado este escollo, el camino llanea hacia Pisciotta, un bellísimo pueblo encaramado en lo alto de un promontorio. La primera visión del lugar en lo alto, con el mar al fondo, es imborrable.

Desde Pisciotta, la carretera desciende suavemente, entre olivos y limoneros, hacia al cabo de Palinuro. Hemos acabado aquí nuestra etapa, en un camping situado junto al mar desde el que se ve el saliente de tierra que lleva por nombre el del timonel de la nave de Eneas en su salida de Troya, lo que un mito explica bellamente (podéis leerlo aquí). Y es que, como véis, la geografía y la mitología están indisolublemente unidas en esta bella región del sur de Italia.

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