Etapa 17: Aix en Provence – Brignoles (64 kms)

Esta mañana hemos salido remoloneando de Aix en Provence. Una vez más, nos daba pena dejar un lugar en el que hemos estado muy bien. Ayer nos despedimos de Charlélie, con el que da gusto estar y conversar, con la esperanza de poder verle pronto de nuevo. También pensábamos que nos gustaría volver por aquí con más tiempo y conocer todos los alrededores de la ciudad. Tampoco hemos visto el estudio de Paul Cezanne, aunque sí algunos de sus escenarios favoritos como el Mont Sainte Victorie.

Hoy a vuelto a salir un día estupendo y el viento se ha suavizado mucho así que no podemos quejarnos del tiempo. Por contra, la carretera por la que hemos pedaleado casi todo el día, la DN7, está más transitada de lo que nos gustaría. Pero barajar otras opciones por esta zona supondría dar mucho rodeo y enfrentarnos a carreteras con muchos más desniveles. Así que, seguiremos un poco más por esta ruta hasta llegar a Saint Raphael, ya junto al mar. Desde allí, seguiremos la línea de la costa hasta la frontera italiana. Ya tenemos ganas de avanzar con la compañía del mar.
Por el camino, viendo tanto viñedo, nos han entrado ganas de probar los caldos de la zona así que hemos decidido parar en un local que anunciaba la venta de productos locales. El dependiente nos ha atendido muy amablemente. Le hemos intentado explicar, en nuestro pobre francés, que buscábamos un vino de la tierra, algo sencillo para la comida de hoy. Nos ha dicho que el tenía una bodega cerca y hacía vino tinto y rosado, por si nos interesaba. Mientras hablábamos, se ha dado cuenta de que éramos españoles (él pensaba que éramos italianos). Resulta que él es de origen colombiano así que he dejado de sudar en francés. A partir de ahí hemos podido hablar mucho más tranquilamente. Nos ha dado a probar varios de los vinos que elabora, todos realmente ricos. Nos ha enseñado el local y hemos hablado de todo un poco. Alejandro, que así se llama, incluso nos ha invitado a comer en su casa. Se nota que lo decía de todo corazón y desde aquí, si lee esto, queremos volver a agradecerle, de todo corazón también, su extraordinaria amabilidad y gentileza. Lo cierto es que hoy, como decíamos, hemos hecho el remolón y queríamos avanzar un poco más antes de la comida así que hemos declinado la tentadora oferta, no sin pena. Cuando uno se encuentra con gente como Alejandro se siente más arropado en el camino.

Hemos llegado a Brignoles bastante pronto ya que el viento se ha puesto a soplar a favor y la última parte del camino ha sido de bajada (por todo lo que llevábamos subido, claro). Nuestra idea era haber continuado un poco más pero nos han entrado dudas de si seguir por la carretera que traíamos o desviarnos hacia la costa. Al final, hemos decidido hace noche aquí y consultarlo con la almohada.

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