Etapa 14: Frontignan – Saint Gilles (76 kms)

Ya llevamos dos semanas de pedaleo. La verdad es que nos notamos mejor que al principio. Las piernas van más sueltas y las posaderas menos doloridas. Podemos decir que ya estamos acabando la fase de preparación física (si es que se acaba alguna vez de estar preparado). Más nos vale porque aún nos quedan etapas bastante duras. De hecho, hoy en el camping nos hemos encontrado con un chaval de Nápoles que va a Santiago en bici. Nos ha comentado que por la zona de Génova la cosa se complica bastante puesto que hay que subir algún puerto con fundamento. No se cómo lo vamos a hacer, pero bueno, no vamos a adelantar acontecimientos.
Toda la mañana de hoy, desde Frontignan hasta un precioso lugar llamado Aigues-mortes, hemos venido pedaleando por una estrecha lengua de tierra junto al canal del Ródano a Sète y entre marismas y lagunas de agua marina.

Este canal proviene de uno de los dos brazos en los que se divide el Ródano en Arles (entre los cuales se extiende La Camarga) y acaba en Sète. Se supone que es la continuación de la Vía Rhône, una gran ruta de bici, pero lo cierto es que por todas partes hay señales que prohiben la circulación de bicicletas. Obviamente nosotros no las hemos hecho ni caso, bueno ni nosotros ni el resto de ciclistas con los que nos hemos cruzado (no muchos eso si).

Entre ellos, dos españoles que venían de Marsella con la intención de llegar a Burdeos. Hemos estado charlando un rato y poniéndonos al día sobre el camino. La verdad es que cuando vas en bici se crea una especie de sentimiento de comunidad con el resto de los ciclistas. En parte de eso habla un librito, casi un panfleto, que estoy leyendo y que os recomiendo a los entusiastas de la bici (Elogio de la bicicleta, de Marc Augé).
Así, por estos parajes, hemos llegado a la bella Agües-Mortes. Es una de esas gratas sorpresas que, gracias a nuestra ignorancia, nos encontramos de vez en cuando en el camino. Uno no se espera una ciudad completamente amurallada en un recinto del s.XIII cuando viene de pedalear por paisajes casi despoblados. Después, nos hemos enterado de que este lugar fue el principal puerto del que partían las cruzadas hasta la anexión de Marsella al reino francés. En el camino siempre se aprenden cosas nuevas.

Hemos comido, ya que estábamos entrando en lo que se conoce como “pájara” y hemos continuado camino junto al canal. Nos ha costado volver a coger ritmo, y eso que esta parte del canal está asfaltada y se circula muy bien por ella.
Después de unos quince kilómetros hemos dejado el canal y hemos seguido por carreteras secundarias junto a muchos viñedos, praderas en las que pastaban los típicos caballos blancos de La Camarga, campos de frutales, caminos de hierba… hasta llegar a Saint Gilles, un pueblo a unos quince kilómetros de Arles. Mañana pasaremos por allí, a hacer otra visita a ese lugar que tanto nos gustó cuando hicimos la ruta del Ródano.

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