Etapa 4: Toulouse-Carcassonne (106 kms)

Después de dormir a pierna suelta en una cama en condiciones, hemos desayunado en la puerta de un supermercado en el que hemos hecho provisiones. Es verdad que no es el lugar más idílico pero a buen hambre…Mientras desayunábamos, se nos ha acercado un chaval, de unos treinta años, para ofrecernos su casa por si queríamos ducharnos o descansar…Le hemos agradecido, muy sinceramente, su gran hospitalidad, pero veníamos directamente del hotel y lo que queríamos era partir pronto. La gente, durante todo el trayecto, está siendo realmente amable con nosotros. Hemos emprendido la ruta a eso de las 9:30h de la mañana en busca del canal.

Empezando el nuevo tramo del canal.
Empezando el nuevo tramo del canal.

Hoy comenzamos el tramo del canal del midi, que en realidad es la continuación del canal del Garona hacia el mar Mediterráneo. Desde el primer momento se aprecian sutiles diferencias entre ambos trazados y más adelante, como explicaremos, las diferencias son más notables. Lo primero que llama la atención es que el camino a lo largo de este es más sinuoso.

Esclusas en curva del canal del Midi.
Esclusas en curva del canal del Midi.

El canal traza continuas curvas y recodos, lo que hace que sea más entretenido. Unos 50 kms más adelante la senda junto al canal deja de estar asfaltada y poco a poco se va haciendo más estrecha y con más obstáculos. Especialmente desde Seuill de Narouze, lugar que divide las aguas del canal en las dos vertientes, atlántica y mediterránea. Es el punto más alto de todo el recorrido (cerca de 200m) y a partir de aquí las esclusas funcionan a la inversa de cómo venían haciéndolo. La primera esclusa de esta vertiente es, como no, la del Mediterráneo. En la segunda de ellas hemos parado a comer. Esta zona está menos transitada tanto por fuera como por dentro del canal. No vemos ningún barco y apenas gente en todo el tramo. Hemos aprovechado unas escaleras de piedra junto a la esclusa y hemos disfrutado de la comida con un espléndido sol en la cara.

Sendero de tierra.
Sendero de tierra.

Hay que decir que hasta bien entrado el día no se tiene una sensación de calor puesto que circulamos todo el rato a la sombra de unos enormes árboles (los que se conocen comúnmente como plataneros, de los que dicen que hay más de cien mil a lo largo del canal). Aún así el tiempo que estamos teniendo es difícil de mejorar.

Plataneros en el camino.
Plataneros en el camino.

Después de comer hemos pasado unas cuantas esclusas, lo que quiere decir que hemos bajado unos cuantos metros de pendiente. Hemos llegado a un pueblo llamado Castelnaudary, en el que hemos dado un paseo y hemos tomado un postre (vivan las boulangeries). En este pueblo el canal forma un pequeño estanque circular que forma una interesante vista con el pueblo al fondo. Aquí hemos visto a unos chavales pescando, mientras dos de los enormes roedores que pueblan el canal intentaban quitarles el cebo.

Roedor que puebla el Canal.
Roedor que puebla el Canal.

Para los que seáis aficionados a la historia medieval o al esoterismo, esta fue zona de cátaros y precisamente en este pueblo tuvo lugar el asesinato de varios inquisidores, lo que debió de dar lugar a la cruzada contra los albigenses. Por toda esta comarca se habla el occitano (Languedoc) y, en un plano más terrenal, es famoso un plato de habas llamado Cassoulet, que aún no hemos tenido el placer de probar.
Desde este pueblo hasta Carcassonne, nuestro destino de hoy, el camino ha sido muy entretenido ya que no hemos podido quitar ojo del suelo por riesgo a acabar en el canal. Esta parte de la ruta cuenta con varios tramos de estrecha senda llena de raíces y baches que ha requerido de toda nuestra atención para evitar sustos.

Así hemos llegado a Carcassonne. La entrada ha sido un poco decepcionante, ya que nos espérabamos la famosa postal del pueblo medieval en lo alto, pero hemos entrado por la parte nueva. Hay que decir que ésta también tiene su encanto y mucha vida en la calle. Hemos aprovechado para deambular un poco por ella y tomar un merecido refrigerio en una de sus plazas. Hemos conocido a un chico austriaco que venía desde su país con una bici de carretera, sin apenas equipaje y con el objetivo de llegar a Finisterre. Nos ha dicho que había tardado once días en llegar aquí. A ese paso nos imaginamos que no tardará mucho en llegar a Santiago.

Entrando en Carcasonne.
Entrando en Carcasonne.

Miestras buscábamos el camino al camping es cuando nos hemos topado con la espectacular postal del pueblo medieval de Carcassonne y allí que hemos subido (a pesar de que la pendiente era notable para las horas y los kilómetros). Quienes habéis estado ya sabéis lo que os podéis encontrar. La verdad es que es un conjunto tan armonioso que impresiona. Además aquí hablan un francés que entendemos a la perfección, vamos que casi todos éramos ibéricos. Lo malo del lugar es que es como un parque temático lo que le resta bastante encanto. Aún con todo nos ha gustado la visita.

Fortaleza de Carcassone
Fortaleza de Carcassonne

Desde aquí hemos ido directos al camping que se encuentra en las afueras del pueblo. Ya cenados y con ganas de descansar os citamos en nuestra siguiente etapa.

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